
Mesa Directiva y nuevos profesionales en Medicina, Enfermería, Odontología, Laboratorio Clínico y Psicología Clínica
El Área de la Salud Humana de la Universidad Nacional de Loja, realizó al Acto Solemne de Incorporación de los Nuevos Profesionales: Médicos/as, Licenciados /as en Enfermería, Licenciados/as en Laboratorio Clínico, Odontólogos/as y Psicólogos/as Clínicos, el día miércoles 23 de Noviembre del 2011, a las 16h00, en el Teatro Universitario “Bolívar”, en donde , el Dr. Jorge Reyes Jaramillo, Director del Área de la Salud Humana (e), intervino con el siguiente discurso de Orden.
DISCURSO DE ORDEN
Señoras y señores
Nos hemos convocado a este Acto Solemne, mediante el que, la Universidad Nacional de Loja, a través del Área de la Salud Humana, entrega a la sociedad lojana y ecuatoriana esta pléyade de nuevos profesionales en Medicina, Enfermería, Laboratorio Clínico, Odontología y Psicología Clínica, para resaltar el aporte institucional al desarrollo local y nacional y el esfuerzo individual y familiar de los graduados.
Estamos de fiesta. Congregados, al unísono, celebramos el triunfo de nuestros queridos estudiantes, ahora convertidos en profesionales. Admiramos reverentes la corona que ciñe la frente de estos jóvenes, esculpida en el sacrificio y las privaciones, victoriosa ante las desazones, pletórica de realizaciones aceradas en este triunfo, que los entrega y proyecta a un futuro luminoso.
Ya en la Grecia Antigua, ESCUIAPIO, Dios griego de la Medicina, hijo de Coronis y Apolo, definía un significado del real significado del ejercicio profesional de la medicina, cuando dirigiéndose a los que van a dedicarse a su ejercicio, preguntaba:
¿Quieres ser médico, hijo mío? Aspiración es ésta de un alma generosa, de un espíritu óvido de ciencia. ¿Has pensado bien en lo que ha de ser tu vida?. Tienes que renunciar a la vida privada. La mayoría de los ciudadanos pueden, terminada la tarea, aislarse lejos de los importunos; tu puerta quedará siempre abierta a todos: de día y de noche. Vendrán o turbar tu descanso, tus placeres, tu meditación; ya no tendrás horas que dedicar a la familia, a la amistad o al estudio”.
Es posible que muchos de ustedes, hace años atrás, también se formularon estas inquietudes, las pensaron y en el íntimo bullicio de sus conciencias, adoptaron la decisión, ahora, ya conocida.
¿De dónde surgió esa fuerza interior para cumplir la meta? Estoy seguro que esa fuerza interior, que los tiene en esta tarde de gloria saboreando su triunfo, tiene mucha relación con aquellos Consejos de Esculapio, que datan del siglo lV antes de nuestra era, cuando al final de su texto, escribe:
“Únicamente la conciencia de aliviar males podrá sostenerte en tus fatigas (…) pero sí, indiferente a la fortuna, a los placeres de la juventud; si sabiendo que te verás solo entre las fieras humanas, tienes un alma bastante estoica para satisfacerse con el deber cumplido sin ilusiones; si te juzgas bien pagado con la dicha de una madre, con una caro que sonríe porque ya no padece, o con la paz de un moribundo o quien ocultas la llegada de la muerte; si ansías conocer al hombre, penetrar todo lo trágico de su destino… ¡hazte médico, hijo mío!
Ahora ustedes enfrentan el ejercicio profesional. Sé que en buena parte lo conocéis. Sin embargo, no deja de tener una parte intrigante, provocadora, un poco oculta, que nos invita a conocerla, sentirla, vivirla intensamente. Entonces, esa parte desconocida, que nos causa incertidumbre, también alimenta nuestro ser y deber ser, como expresiones éticas del accionar profesional.
HIPÓCRATES, el célebre médico griego desarrolló su célebre “Juramento Hipocrático”, en el que, como compromiso con el deber ser, decía:
“Ejerceré mi arte y transcurrirá mi vida en lo pureza y en la piedad’; y, al final, se auto sentenciaba: “Si mantengo y cumplo éste mi juramento y no Io quebranto con infracción alguna, concédaseme disfrutar de la vida y de mi arte y ser honrado y venerado siempre por todos. Si lo violo y resulto perjuro, quépame en suerte lo contrario”.
Este juramento ante los dioses de la mitología griega: Apolo, Asclepio, Higea y Panacea, estoy convencido que tiene plena vigencia.
MAlMÓNlDES, Médico de cabecera del Sultán Saladino, allá, en el año 1185, propuso también un juramento. Entre otras de sus pocas y bien trazadas invocaciones, decía:
“Que el amor por mi arte me guíe en todo tiempo…Que ni la avaricia, ni la mezquindad, ni la sed de gloria ni de alta reputación, halaguen mi mente… porque los enemigos de lo verdad y la misericordia podrían fácilmente engañarme y hacerme olvidar mis elevadas miras de hacer bien por tus hijos…”
Hermosas frases que nos conducen a pensar y re-pensar en el deber ser del ejercicio profesional ético de los profesiones de salud en este mundo globalizado.
En fin, en el siglo XII se escribió la PLEGARIA DEL MÉDICO (siglo XII), muestra válida del deber ser de la vida de los profesionales de salud, plenamente pronunciable en esta tarde. Dice:
“No permitas que la sed de ganancia y la ambición de gloria hayan de influirme en el ejercicio de mi arte, porque los enemigos de la verdad y del amor del prójimo, podrían fácilmente descarriarme y alejarme del noble deber de hacer bien a tus hijos. Sostén la fuerza de mí corazón, a fin de que siempre esté dispuesto para servir al pobre y al rico, al amigo y al enemigo, al bueno y al malvado. Haz que en el que sufre, yo no vea más que al hombre”.
Y, en dicha plegaria, se agrega algo mucho más específico:
“Que mi entendimiento permanezca claro o la cabecera del enfermo, que no lo distraigo ningún pensamiento extraño, para que tenga presente todo lo que la experiencia y la ciencia me han enseñado, porque grandes y sublimes son las investigaciones científicas que miran a conservar la salud y la vida de todos las criaturas. Haz que mis enfermos tengan confianza en mí y en mi arte, y que sigan mis consejos y prescripciones”.
La DECLARACIÓN DE GINEBRA, adoptada por la Asamblea General de la Asociación Médica Mundial, en Ginebra, Suiza, septiembre de 1948, y, enmendada, por la 22 Asamblea Médica Mundial, Sydney, Australia, agosto de 1968, que esta tarde ha sido reverentemente leída, destaca la promesa de los nuevos profesionales de la salud, para ser admitidos como miembros de su profesión, de “consagrar su vida al servicio de la humanidad, ejercer su profesión “dignamente y a conciencia”, “velar solícitamente y ante todo por la salud” de sus pacientes, que es lo que se clama y se reclama por la sociedad.
Así, el Alma Máter lojana, entrega profesionales científica y técnicamente formados, con un fuerte sustento humanista, formados en valores. Pero, aspiramos entregar a hombres y mujeres, con una práctica ética, responsable, humilde frente a la complejidad de la vida y a la incertidumbre que vivimos.
Edmundo Granda escribía: “Al apagarse este oscuro fin de siglo empezamos nuevamente o comprender algo que sabíamos desde antaño: que lo orgullosa, eterno y universal ciencia de la enfermedad no puede interpretar íntegramente la compleja, diversa, particular y temporal salud de los sujetos. Sueños deificados que se han transformado en pesadillas que nos obligan a despertar.
Esta es una premisa fundamental para nuestras conductas profesionales éticas. Y, continuando con Granda, asumamos que posiblemente, “uno de los cometidos éticos más importantes en el campo específico de la salud radica en el retorno a una filosofía y a una práctica que entregue mayor importancia y peso a lo salud y o la vida, sin olvidar los inmensos desarrollos científicos y tecnológicos alrededor de una enfermedad”, frase que les pido la piensen y de estar de acuerdo la practiquen.
Pensad, como dice Arturo G. Rillo, que se debe conceptualizar a la salud “como una estructura del dasein en tanto existencia humana, y no como una producción de la aplicación de las ciencias médicas, de tal manera que a través de la salud se puede identificar la condición hermenéutica de la existencia humana en la salud como un modo de ser del hombre vinculado a su finitud”.
Es verdad que la mundialización que vivimos incesantemente ha creado nuevos escenarios para entender los procesos de salud y enfermedad; esto, de hecho traza nuevas formas de comprender la acción ética del sujeto y del profesional de la salud, como cuidadores de la salud, que cada día, con más fuerza, se la asume como un bien individual y colectivo, y no como una mercancía sometida al vaivén de las leyes del mercado.
En un Estado de Derechos y Garantías, como lo manda nuestra Constitución, es fundamental que todos ustedes, queridos ex alumnos y ex alumnas, penséis que se han convertido en gestores insustituibles para habilitar el ejercicio de los ecuatorianos al derecho a la salud; esto implica accionar en los servicios de prevención, curación y rehabilitación para hacerlos eficientes y eficaces, pero también, fuera de ellos para constituir las más fuertes redes de salud, que por su complejidad, no puede seguir siendo abordada desde la enfermedad, sino desde las realidades propias diversas de los pueblos, de sus instituciones, de sus organizaciones.
Al saludar el triunfo vuestro, de sus familiares, que es triunfo de la Universidad Nacional de Loja, les quiero recordar, que solo se ha cortado el cordón umbilical de ustedes con la academia, parcialmente. Ustedes siguen siendo Universidad Nacional de Loja, por ello, volviendo con Hipócrates, les recuerdo su cita: “A aquel que me enseñare este arte, lo apreciaré tonto como a mis padres, compartiré con él lo que posea y le ayudaré en caso de necesidad’; para continuar con Maimónides, cuando dice: “Concédeme siempre fuerza, tiempo y ocasión para corregir lo adquirido… para hacerlo siempre mejor porque la sabiduría es infinita y el espíritu del hombre puede siempre acrecentarla infinitamente con nuevos esfuerzo!’. O, en base a la Plegaria del Médico, al convidarnos a decir: “Que yo pueda hoy descubrir en mi ciencia cosas que ayer no llegaba o sospechar, porque el arte es grande, pero el pensamiento humano penetra siempre más allá. Estas son vuestras características, gratitud, fuerza para comprender la sabiduría y propiciar la búsqueda del conocimiento y, especialmente, de vuestro pensamiento que los hará cada día más grandes.
Os deseo: Buena suerte.
Disculpad.





